«El gol es el orgasmo del futbol», decía Eduardo Galeano en su libro ‘El fútbol a sol y sombra’; tiene razón. Pero para la Selección Mexicana hay una euforia especial y única cada vez que Javier Hernández logra mandar la pelota al fondo. El delantero se ha convertido en un verdadero ídolo que día a día gana importancia en el terreno azteca. «La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita», cita el autor. Si alguien tiene un romance con la redonda es justamente él, Javier Hernández Balcázar, el ídolo de México en pleno siglo XXI.

Para Chicharito no existe mayor aliciente que poder sacudirse la presión anotando. Se ubica en el centro de la zona de ataque; pasa la media cancha para apoyar en recuperación; levanta la mano; aconseja a sus compañeros que corran más y que toquen rápido el balón. Hernández Balcázar tiene dos objetivos claros: ganar con el Tri y, de paso, anotar la mayor cantidad de veces. El récord de máximo anotador del combinado está cada vez más cerca.

Se quitó toda el empuje negativo. El minuto 18 fue el que sirvió para que todo resultara positivo. Jesús ‘Tecatito’ Corona llegó por la banda izquierda y envió un centro elevado contradiciendo las órdenes de Juan Carlos Osorio, quien pidió que se enviaran a media altura. Pero esta vez, valió más la pena «pedir perdón que pedir permiso». El servicio se convirtió en una asistencia para el delantero de Bayer Leverkusen, quien tuvo que pegar un salto muy alto para ganar la marca y rematar de cabeza, venciendo a Andre Blake.

Ahora tiene 45 goles con México en su cuenta, que le han abierto la puerta para ser aclamado por el público que no deja de corear su nombre en la tribuna. Eso no es algo que le quite el sueño ni que lo eleve al cielo. Él prefiere centrarse en sus metas y pensar en cumplir sus objetivos. Poco le importa escuchar que le Rose Bowl Stadium se rinde a sus pies aún sin haber comenzado el juego; para Chicharito, el mayor reto es conseguir goles que le den victorias a su combinado.

También es errático; deja pasar el balón aún estando casi en la línea, pero, sin metáfora alguna, se levanta y vuelve a intentarlo. Dejar de luchar no es algo que vaya con él; sigue buscando la forma de aumentar su cuota goleadora. Para ello recibe centros desde las bandas justo a media altura, como Juan Carlos Osorio pidió que se practicaran debido a la estatura de los jamaicanos. No le funcionaban a Hernández. Él pedía el balón casi en los pies; no le llegaba.

«El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre ‘gooooooooool’ en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre». Esta noche, un gol fue suficiente para que Chicharito colaborara para vencer a Jamaica (2-0). La esperanza de igualar el récord de Jared Borgetti (46) fue pausada al minuto 76 con su salida de la cancha. Javier Hernández tendrá que dormir, todavía, como el segundo mejor anotador de la Selección Nacional. (goal.com)