Estados Unidos.- A catorce días de la jornada electoral para elegir al próximo presidente de Estados Unidos, la mayor economía del mundo no atraviesa su mejor momento. La primera mitad del año, marcada por los vaivenes procedentes de China, los mínimos marcados por el crudo y los efectos del fortalecimiento del dólar no permitieron que la actividad económica repuntase más allá de un 1.1%. Los más optimistas hablaban del rebote que el PIB experimentaría en la segunda mitad del año.

Los indicadores que baraja el banco central estadounidense no son demasiado halagüeños. El GDP Now, que elabora la Reserva Federal de Atlanta, sitúa el crecimiento en el tercer trimestre en el 2%, lejos del 3.8% que llegó a registrar hace unos meses. Las proyecciones que barajan los funcionarios de la Fed de Nueva York recogen un crecimiento del 2.3% entre los meses de julio y septiembre y del 1.6% para el trimestre en curso. Un balance que anticipa que la economía estadounidense perderá la marca del 2% de crecimiento.

De hecho, el propio Fondo Monetario Internacional recoge en sus Perspectivas Económicas Mundiales que el PIB estadounidense crecerá este año un 1.57%, lo que supone su peor avance desde la Gran Recesión sufrida en 2009, quedando por debajo de los niveles registrados en 2011 y 2013, cuando creció ligeramente por encima del 1.6. Así, con la Fed apuntando a una subida de 25 puntos básicos antes de que acabe el año, el próximo inquilino de la Casa Blanca deberá priorizar sus planes para reavivar la actividad económica.

«El gasto público tiene margen de maniobra para ser incrementado dado que ha sido bastante débil durante este año», apunta Joseph LaVorgna, economista jefe de Deutsche Bank en Nueva York. En este sentido, avanza que «el próximo presidente podría respaldar un importante estímulo fiscal». Precisamente, en el tercer y último debate presidencial celebrado la semana pasada en Las Vegas, tanto Hillary Clinton como Donald Trump tuvieron que responder a las preguntas del presentador de Fox News, Chris Wallace sobre sus propuestas.

Clinton apostó por una «economía creciente que dará a las familias de clase media más oportunidades» a través de impulsos como las energías renovables. El conjunto de sus medidas económicas incluye un plan de inversión en infraestructuras por valor de aproximadamente 250,000 millones de dólares. La demócrata también se comprometió a incrementar el salario mínimo, actualmente en los 7.25 dólares a la hora para aquellos empleadores que ofrezcan seguro médico, una paga equitativa para las mujeres y garantizar que las universidades públicas sean gratuitas.

Como de costumbre el multimillonario empresario atacó los acuerdos comerciales vigentes y apostó por «un recorte masivo de impuestos» para poner en marcha la economía. Trump propone una rebaja tributaria de alrededor de 4,4 billones de dólares, recortar el gasto público y reducir las regulaciones como panacea para reavivar el sueño americano. Según sus estimaciones, estas medidas impulsaría al PIB de Estados Unidos a expandirse un 4%, o incluso entre un 5 y un 6 por ciento.

Modelos fiscales encontrados
El Centro de Políticas Fiscales advierte que las medidas de Trump sumarían alrededor de 6.2 billones de dólares al creciente endeudamiento del país durante la próxima década. Un cálculo que consideran excesivo desde el Instituto Americano de Empresas, donde Kevin Hassett, que fue consejero de campaña de Mitt Romney en 2012, que vaticina una carga un par de billones por debajo de los 6.2 billones.

Durante el debate, Wallace sacó los colores a ambos candidatos al estimar que la deuda nacional,situada en el 77% del PIB, seguiría creciendo hasta un 86% bajo el mandato de Clinton y sobrepasaría el 100% en una administración capitaneada por Trump. La demócrata se defendió afirmando que sus planes económicos «no añadirán ni un centavo» a la deuda y defendió un incremento de impuestos a las clases más acomodadas, mientras Trump prometió crear miles de empleos y aclaró que eliminará el «desastroso» Obamacare. (EconomiaHoy.mx)