Río de Janeiro, Brasil.- Un total de 645 civiles murieron en 2015 en intervenciones policiales en Río de Janeiro, 25 por cada agente muerto en acto de servicio, reveló un estudio de la organización Human Rights Watch (HRW) divulgado hoy por el portal de noticias UOL.

El informe El buen policía tiene miedo: Los costos de la violencia policial en Río de Janeiro revela que “el número de muertos por acciones policiales es mucho mayor que el número de bajas en la policía, haciendo que sea difícil creer que todas estas muertes hayan ocurrido en situaciones en que la policía estaba siendo atacada”.

El resultado del estudio refuerza la sensación de inseguridad que se vive en el estado de Río a días de que comiencen en la capital fluminense los primeros Juegos Olímpicos que se realizarán en Sudamérica.

A modo de comparación, la ONG cita la relación entre civiles muertos en acciones policiales y agentes muertos en servicio en Sudáfrica, que es de 11 a uno, y en Estados Unidos, que es de nueve a uno.

La complicidad entre policías y delincuentes, la cultura policial brasileña que estimula la violencia, el estrés y el entrenamiento insuficiente de los agentes son algunas de las causas apuntadas como responsables por la situación.

“Mi experiencia inicial como policía fue la de matar delincuentes.

Es lo que se exigía como buen resultado por mis superiores. La cultura en el batallón era esa, la muerte”, relató uno de los 34 agentes entrevistados durante la realización del estudio.

“En tono de broma, al final de cada jornada preguntaban: ‘¿Arrestó a alguien? ¿Mató a alguien?’ Si usted daba un tiro y no había sido fatal, usted tenía que rematar. Vi eso suceder muchas veces”, añadió el policía.

La impunidad es otro elemento que propicia el aumento de asesinatos y ejecuciones de civiles por parte de la policía. Para medir ese aspecto, fueron analizados 64 casos de uso de violencia policial letal considerados ilegales por la ONG. De esos 64 casos analizados, solo ocho fueron a juicio y cuatro resultaron en la condena de los agentes involucrados. En 52 casos, no había registro de que hubiera habido peritaje en la escena del delito.

“El uso legal de la fuerza policial tiene otro impacto directo: los colegas de aquellos que cometen ejecuciones tienen que elegir entre guardar silencio o incluso participar del encubrimiento (lo que representa una violación de la ley) o denunciar la acción y enfrentar represalias que pueden llegar a ser fatales”, subraya el texto.

Para encubrir los delitos y garantizar la impunidad la policía se vale de recursos tales como intimidar testigos, falsificar pruebas, retirar de la escena del crimen ropas de las víctimas y simular falsas acciones de auxilio.

“Una técnica es retirar el cadáver de la víctima y llevarlo a un hospital, alegando intentar socorrerla. Estos falsos socorros sirven para destruir pruebas en la escena del delito al mismo tiempo de que simulan un acto de buena fe por parte de los policías”, destaca la ONG. (Jornada.Unam.com.mx)