Aldama, Tamaulipas.- Se puso el uniforme de la escuela y Fernando Azael se preparó para salir, porque iba a recibir un regalo, pero su mamá nunca le dijo lo que sería.

Cursa el primer año en la primaria José María Pino Suárez, en el municipio de Aldama, en el sur de Tamaulipas. El menor se sorprendió de ver a gente en la escuela, a donde no había acudido desde que inició la pandemia, en marzo del año pasado.

El pequeño alumno tiene una hermana que estudia en primero de secundaria y desde el pasado 11 de enero, no había podido entregar evidencias de sus trabajos a su maestra Argelia Desilos Rodríguez.

La familia del niño tamaulipeco no tenía dinero para recargar con tiempo aire el celular que utiliza toda la familia, la cual encabeza el padre que se gana la vida como ayudante de albañil, por eso no había podido cumplir con sus responsabilidades a distancia, como lo dicta la nueva normalidad.

Fernando Azael llegó emocionado a la escuela, se sentó en el sitio destinado para él mientras veía cómo les entregaban tabletas y televisiones a sus compañeros. Cuando lo mencionaron, pasó a recibir el beneficio junto a su mamá, quien es ama de casa.

La primera acción del niño al recibir el artículo tecnológico, el cual le va a servir para poder conectarse a internet y poder estudiar, fue inclinarse un poco en su silla y juntar las manos, dándole gracias a Dios por el obsequio, el cual nunca se imaginó que recibiría.

Junto al menor, entre 30 y 35 estudiantes de nivel básico recibieron estos beneficios, luego de haber sido detectados por los maestros y directivos de los planteles, de acuerdo con lo constante que se conectan en clase. (www.milenio.com)