Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Vitali es un ruso de 46 años de edad que llegó a Nuevo Laredo acompañada de su esposa Olga, de 41 años, y su pequeña hija Diana de solo 6 años, y viajó desde ese lejano país debido a que el presidente Vladimir Putin aprobó en marzo una ley que amenaza con encarcelar a los ciudadanos que osen criticar al presidente o al Parlamento, lo que les obligó a emigrar y buscar asilo político en Estados Unidos.

No hablan español pero se apoyan en un traductor móvil que les permite comunicarse con las personas, y es así como se tuvo contacto con esta familia en el interior de uno de los albergues acondicionados para migrantes de la ciudad.

“Yo tengo mi propia perspectiva política sobre la situación política en el país, y estoy obsesionado”, explicó a través del traductor.

Dijo que este año el presidente de Rusia acabó por completo con la democracia ya la libertad en ese país, lo que está convirtiendo a Rusia en un país similar a Corea del Norte, y que todo lo que hay en el país es propiedad de un selecto grupo de amigos y familiares de Putin, lo que no es compartido con nadie.

A su modo, esta es la razón por la que miles de familias como la de Vitali, siguen saliendo de Rusia para buscar asilo en países europeos y en Estados Unidos, aunque esta familia espera desde hace varias semanas ser llamada para buscar la cita con un juez federal, que les entregue la visa de asilados políticos, ya que no desean retornar a ese país, porque serían apresados y juzgados por un delito recién aprobado este año por el gobierno ruso.

Vitali es rubio al igual que su esposa, corpulento y tal vez de 1.85 metros de estatura, y por su aspecto no parece un migrante más, ya que cuenta con un porte educado, al igual que su esposa.
Mientras Vitali conversa con el reportero, su esposa y su pequeña hija escuchan con curiosidad la extraña entrevista motivada a través de un traductor electrónico que reproduce la voz del hombre quien dice que la riqueza de su país se encuentra en pocas manos y en el extranjero.

Antes de emigrar, Vitali trabajaba como gerentes de una importante empresa por un salario mensual de solo 200 dólares al mes, algo así como tres mil 800 pesos mexicanos, dinero insuficiente para sostener una familia como la suya.

Esta familia se encuentra algo aislada del resto de los migrantes, tal vez por lo difícil que es comunicarse con los demás al no hablar más que ruso; están sentados a un lado de un corredor viendo cómo el resto de migrantes, pese a ser de otros países, no están tan apartados como ellos.

–¿Pero cómo podían sobrevivir con tan poco dinero en un país tan grande? Se le preguntó, lo que provocó una risita muy nerviosa imbuida de sarcasmo en la esposa de Vitali, tal vez porque no tenía una respuesta congruente.

“Mi esposa es muy graciosas porque sabe que hay familias que perciben menos que eso en un mes, y sobreviven”, explicó el hombre ante la mirada atónita de su hija de facciones delicadas, pero rubio y una mirada muy inocente.

Su esposa se dedicaba a la venta de productos para el hogar, y con ello ayudaba a su familia a sobrellevar mejor la precaria situación en la que los tenía el régimen del presidente Putin, en una aldea cercana a la capital Moscú, y al recordar su situación y los motivos que les obligaron a salir de ese país, Vitali encogió los hombros en señal de conformidad y de incertidumbre al no saber cuál será el futuro que le depara el destino, luego de varios meses de haber salido de su país, y vivir una vida errante con su pequeña hija Diana, ajena a la situación que vive, que le cambió el carácter de alegre a osca y huraña con los extraños. (EnlineaDirecta.info)