Washington.- Para muchos, el primero de los tres debates entre candidatos lo ganó la demócrata Hillary Clinton . Pero la batalla -verbal y gestual- tuvo sus momentos. Hay coincidencia también en que el republicano Donald Trump arrancó muy bien y que mostró mucho más “temperamento presidencial” que en ocasiones anteriores.

Los días irán multiplicando y tamizando las lecturas. Pero, apenas se apagaron las luces del escenario donde transcurrió se desató un duelo de espadas entre analistas a la hora de ponderar la actuación de cada uno. Estas son sólo alguna de ellas.

Una de las conclusiones más vehementes del debate la tuvo el director de cine Michael Moore. Conocido por sus furibundas críticas a los republicanos, sostuvo que el gran ganador de la noche fue Donald Trump. No tanto por lo que él hizo sino porque, desde su perspectiva, Clinton no es capaz de movilizar con igual fuerza.

Una línea que no fue la mayoritaria pero que otros defendieron con argumentos similares.

Entre ellos, que el republicano se mostró más enérgico y que muy posiblemente gane las elecciones de noviembre. Howard Kutz, analista de la cadena Fox News, cercana a los republicanos, defendió el comportamiento de Trump. “Marcó muy bien sus puntos de vista. Su claridad lo hace atractivo”, sostuvo.

No fue sólo lo que dijeron sino cómo lo hicieron. Para David Axelrod, uno de los artífices de la campaña que llevó a Barack Obama a la presidencia, una de las facetas más importantes de este tipo de cara a cara es demostrar cómo los aspirantes a la Casa Blanca reaccionan a la presión o a las provocaciones.

“Porque, si algo puedo asegurarles, es que la Presidencia es mucho peor” que los golpes bajos que hayan podido verse. Desde esa perspectiva, a su juicio, “fue una gran noche para Clinton”, que resistió sin perder el control las continuas interrupciones de su adversario.

Con esto coincidió Chris Cillizza, de The Washington Post. Sobre todo, a partir del recurso de las cadenas de televisión de tener todo el tiempo a los dos candidatos en la mira, con el recurso de la pantalla partida.

“Eso fue fantástico”, subrayó. El recurso no sólo permitió apreciar la forma en que uno de los contendientes exponía una idea sino, también, la reacción del otro. “Vimos cómo reaccionan cuando están nerviosos”, coincidió. Desde su perspectiva, Trump pasó con menos solvencia esa prueba.

Para Gail Collins, una de las analistas estrella de The New York Times, la noche fue “terrible” para Trump.

No tanto por lo que sostuvo sino por lo que demostró de si mismo. “Que le cuesta muchísimo reconocer que se ha equivocado” y que es incapaz de escuchar. “Eso demostró con las caras y los gestos de desprecio” con que lo sorprendió la cámara.

 

Analistas, memoriosos, y sobre todo, los equipos de cada una de las campañas, se apuraron a contabilizar cuánto había mentido, omitido o falseado la verdad el otro. Para muchos, tal como ocurre en la guerra, cuando se está en campaña política, una de las primeras víctimas es la verdad.

¿Cómo evalúan los votantes la veracidad de lo que dijeron los dos candidatos? Mike Lofgren, analista político cercano a los republicanos, señala que la prueba de la verdad es más delicada para Hillary que para Trump.

Eso, porque, desde su perspectiva, el votante del candidato republicano ya sabe que mucho de lo que él dice “no tiene relación con la realidad”. Pero que igual eso, a muchos de quienes lo siguen, “no les importa”. De allí que la verificación de datos no parezca tan rigurosa ni crucial en su caso.

¿De qué se trató en definitiva? Para Arthur Brooks, del American Enterprise Institute, con sede en esta ciudad, los dos perdieron la oportunidad de mostrar algo más que sus estereotipos habituales.

Desde su perspectiva, esto es, un Donald Trump que volvió a mostrase como fuerte y decidido, y una Hillary Clinton sólida y profesoral que invirtió buena parte de su tiempo en descalificar una vez más a su adversario.

“Ninguno de los dos fue capaz de ir más lejos ni mostrar argumentos más de fondo”, reprochó.

El de ayer fue solo el primer round de los tres que tienen pautados. La próxima cita será el domingo 9, en San Luis, Misuri.

Muy cerca de donde fueron los estallidos raciales de Ferguson, tal como se define a la rebelión popular que, hace dos años, mostró una enorme brecha entre discurso político y realidad. (http://www.lanacion.com.ar/)