Estados Unidos.- Entre las protestas de líderes de su partido, Donald Trump, reiteró ayer que no se retractará de su intención de tasar las importaciones de acero y aluminio. Sin embargo, su administración ha ideado formas de suavizar el efecto de las medidas sobre socios comerciales importantes, informó The New York Times.

Las intensas presiones probablemente aplazarán cualquier presentación formal de los gravámenes hasta la semana próxima, según varios funcionarios que han sido informados sobre las deliberaciones.

Paul Ryan, el republicano con más poder en la Cámara de Representantes, rompió ayer filas con Trump. Una portavoz de Ryan advirtió al presidente que sería mejor no avanzar con su plan arancelario, pues desataría una guerra comercial mundial.

“Estamos extremadamente preocupados por las consecuencias de una guerra comercial y estamos urgiendo a la Casa Blanca a no avanzar con el plan. La nueva ley de reforma fiscal ha impulsado la economía y ciertamente no queremos poner en peligro tales ganancias”.

El arancel de 25 por ciento al acero y 10 por ciento al aluminio no sólo aumentará los precios de los materiales dentro de Estados Unidos, pues, según la consultora Trade Partnership, se podrían perder hasta 146 mil empleos.

Pero una fuente cercana a la Casa Blanca dijo que el presidente estaba ávido por imponer aranceles y que la recuperación de ayer del mercado bursátil lo había tranquilizado al hacerle sentir que estaba en lo correcto, pese a que la recuperación de las bolsas fue atribuida a la rebelión republicana contra los aranceles.

Trump ha escuchado los argumentos de todas las partes, pero su punto de vista ha permanecido firme, dijo un funcionario de la Casa Blanca.

Aún así, señaló, él está consciente de los argumentos en contra, por lo que ha estado abierto a realizar una maniobra para reducir el alcance y los efectos de los aranceles, aunque quiere evitar la percepción de que cederá al respecto.

El tema también habría estado presente durante una conversación entre Trump y la primera ministra británica, Theresa May, este domingo.

May, dijo una persona informada sobre la llamada, advirtió a Trump sobre lo peligrosos que serían los aranceles. Trump no estuvo de acuerdo, pero concluyó la conversación diciéndole a May que no había tomado una decisión final sobre qué hacer.

El presidente anunció originalmente que quería poner en vigencia nuevas tarifas esta semana, pero no se ha concluido una revisión legal.

El domingo, uno de sus asesores, Peter Navarro, dijo que el anuncio podría llegar esta semana o la semana siguiente a más tardar.

También reafirmó que las compañías podrían buscar exenciones para ciertos productos extranjeros que necesitan para sus negocios, un proceso que probablemente lleve a meses de cabildeo.

Sin embargo, ayer los republicanos consideraron la idea de una acción del Congreso para tratar de bloquear los aranceles, si el Presidente los impone.

“Sería apropiado que el Congreso realice audiencias y escuche a los expertos y obtenga más información sobre esto. Claramente el presidente está escuchando a alguna gente que tiene algunas ideas sobre el comercio, que nosotros no compartimos”, dijo a periodistas el número dos en el Senado, John Cornyn, republicano por Texas.

Desde la semana pasada, Canadá y la Unión Europea no sólo han mostrado su rechazo a los impuestos, sino que han amenazado abiertamente con represalias comerciales, lo que ha puesto aún mayor presión en Estados Unidos.

“El presidente debe exentar (del arancel) a todo el acero y aluminio de cualquier país que es comerciado bajo reglas justas, ciertamente como Canadá y México”, indicó Kevin Brady, el republicano que encabeza el poderoso Comité de Medios y Arbitrio de la Cámara baja. (Diario.mx)